Es de mañana y hay barcos meciéndose en la bahía. Si pudieras ver esta mansedumbre que me arropa. Es la dulzura de la gente que sale y ama y canta.
Desde aquí pienso que soy un hombre que está listo para ir a conocer otros mares, quizá los más fríos, quizá los más sucios o aquellos que tienen borrascas.
Pero confieso que no sé hacer otras cosas que vivir en este puerto.
Suficiente hago con despertar y tomar café y fumar decir que la vida es hermosa.
Digo que estar aquí es una despedida sin pañuelos. No puedo pedir más, no quiero la ausencia comprometida. Mi padre sigue en pie y mi madre no entiende de tejidos.
Aquí, los ciclones y las buenas noticias son puntuales, y el puerto, a veces, es un gato dormido en una pecera.
Si pudieras ver que tengo en mi tanta quietud, en esta mañana y en esta mesa, leyendo un libro de viajes.
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