Fue un cuervo lo que aleteó sobre mi cabeza.
Apenas había caído la tarde y a lo lejos sólo el mar.
Venía la lluvia. Venía la tristeza y un ventarrón de alas oscuras.
Yo no sé decirte la razón de todo
pero mi corazón
de pronto
se hizo más grande.
Mi corazón quería tirarse de un acantilado.
Mi corazón fue una piedra de río puesta al fuego.
Mi corazón fue una pileta de agua derramándose.
Mi corazón
no se lo digan a nadie
me habló.
Pero qué podía hacer con esa voz tristísima.
Apenas tenía la infancia puesta sobre la espalda.
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