Corte de pelo





Puede ser, Padre, que esa bicicleta verde 

no existió sino que yo, todos los días, la soñaba.


Las tardes que subía a tu lado, 

llevando mis ocho años en el esqueleto verde 

de tu verde bicicleta. Y el camino 

rumbo a la peluquería era la distancia 

de dos meses y una melena de niño asoleado.


Los piojos mordiendo la raíz 

del cabello y la mujer del estudio fotográfico,

ciega, que confundía mi tristeza con la enfermedad.


Y tantas fotografías rechazadas por mi cabello largo. 

Y tantos recorridos verdes en la verde bicicleta, 

rumbo al peluquero.


Ahora tengo tu estatura, Padre.

Y pienso que esa bicicleta no existió, sino que yo, 

todos los días, la construía para que me llevaras 

a cortar el pelo. Y a tomarme el retrato de niño asoleado 

que secretamente guardo en tus ojos.



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