Raymond Carver escribe un poema de amor


En la cámara del insomnio 

escucho la sangre de una confusa golondrina.


Soy un necio, 

pienso en el arco de tu cuerpo 

y nunca llega a mi casa el sueño.


Si tuviera que pagar por no tener el desvelo 

te daría un dólar por tender mi cama.

Un dólar porque bebieras frente a mí 

un tarro de leche.

Un dólar por acercarme al buró 

el vaso de agua.

Un dólar por recoger de la mesa 

mi tinta, los escritos.

Un dólar.


Pero soy otra vez un necio:

Ayer te quedaste con mi último billete 

cuando en la barra me serviste un whisky 

con esa misma serenidad que tienes 

para repartir besos.


Por lo demás, ya está amaneciendo.

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