En la cámara del insomnio
escucho la sangre de una confusa golondrina.
Soy un necio,
pienso en el arco de tu cuerpo
y nunca llega a mi casa el sueño.
Si tuviera que pagar por no tener el desvelo
te daría un dólar por tender mi cama.
Un dólar porque bebieras frente a mí
un tarro de leche.
Un dólar por acercarme al buró
el vaso de agua.
Un dólar por recoger de la mesa
mi tinta, los escritos.
Un dólar.
Pero soy otra vez un necio:
Ayer te quedaste con mi último billete
cuando en la barra me serviste un whisky
con esa misma serenidad que tienes
para repartir besos.
Por lo demás, ya está amaneciendo.
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